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Cierra en Santander una clínica dental que deja a los pacientes con los tratamientos pagados y sin hacer


Fuente: Diario Montanes

El cierre de la clínica dental de la calle Calderón de la Barca ha dejado tras de sí un reguero de afectados, entre pacientes con los tratamientos pagados y sin hacer, empleados que se quedaron sin trabajo sin ser despedidos y también un centro de estética y nutrición que había en la planta superior. Su responsable se vio obligada a abandonar el local días antes del cierre de la clínica «por las presiones que empecé a recibir por parte de los pacientes de la clínica dental, que venían con un cabreo monumental a pedir explicaciones», cuenta la joven, que prefiere no dar su nombre pero sí quiere dejar claro que ella no tiene nada que ver con el cierre del centro, aunque compartan el nombre de Saluduno, que ya existía cuando ella firmó un contrato de ‘prestación de servicios’ para poder usar las instalaciones del piso superior.

A mediados de febrero, esta dietista cogió todas sus cosas y se marchó, sin ni siquiera poder cancelar el contrato que tenía firmado con el gerente de la clínica, porque él ya estaba «desaparecido». Ha decidido no denunciarlo, porque él no le debe nada, ya que era ella la que le pagaba a él un porcentaje de sus beneficios por el disfrute del local. Aun así, se siente «una perjudicada más», pues ha tenido que llevarse todos sus enseres, cancelar sus citas, buscar un nuevo local «para reengancharme otra vez con mi clientela», a la que tuvo que llamar para desvincularse de la acción de su ‘excompañero’.

Todas las voces escuchadas por este periódico apuntan una fecha clave: el 4 de febrero, «el día del embargo», lo llaman, cuando se enteraron del alcance de las deudas que tenía el gerente de la clínica dental al ver cómo se sacaban las máquinas y el mobiliario del centro. Por esas fechas, tres de los empleados fueron despedidos, al resto se les dio vacaciones y calculan que el responsable «se marchó cuatro días después», el viernes 8, dejando en la fachada un cartel de ‘Cerrado por reformas’.

Entonces, en aquellos días la dietista se quedó sola con su centro de estética, «que no podía atender como debía, porque no había nadie trabajando en la clínica dental, las citas no se habían anulado y tenía que estar pendiente de la puerta, y cada dos por tres entraba un paciente enfadado». Decidió irse de allí el 15 de febrero.

Según ha podido saber este periódico, el gerente, que entonces vivía en un piso de alquiler de Entrambasaguas, dejó una nota a su casera avisándola de que se iba a marchar y ya no volvió a dar señales, y eso que ya había apalabrado otra vivienda en el municipio Piélagos, a donde pensaba mudarse.

Los empleados de la clínica se fueron incorporando de esas ‘vacaciones’, y no faltaron un día a trabajar a pesar de que no cobraban, su jefe no estaba, el teléfono no funcionaba... Así hasta que este lunes, 4 de marzo, se encontraron con el acceso con huella digital de la puerta saboteado, y ya no pudieron entrar. Fue en este momento cuando llegaron los inspectores de Trabajo, que han abierto una investigación.

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